La reforma educativa y la educación normal



Por Oscar Isaac Corral Arias*

Dos temas sobre los cuales la opinión pública y los medios de comunicación se han volcado recientemente son sin duda,  política y educación. Y no es para menos, la llegada de un Presidente siempre genera expectativas en torno a las formas en que hará gobierno, sobre los proyectos que propuso en campaña y  aquellos que emergen cuando recién toma el mando.

 El nuevo Gobierno es claro con su propuesta; periodistas y académicos han interpretado de diversas formas la intención del nuevo mandatario y del secretario de educación “el Estado debe recuperar la rectoría en educación” y también el Gobierno ha sido tajante  mandando un mensaje al gremio sindical: “las nuevos formas de negociación SNTE-SEP han cambiado”. La creación del Servicio Profesional Docente, el censo magisterial a cargo del INEGI,  la autonomía del INEE y una pujante cultura de la evaluación –que hasta hoy sirve más para rendir cuentas que para favorecer la mejora- son propuestas bien vistas por académicos, periodistas y organizaciones sociales.  Algunos incluso definen la reforma educativa como de “gran calado” y el mismo secretario de educación la llamó “de largo plazo”.

Son demasiadas las implicaciones que genera la nueva reforma educativa plagada de buenas intenciones  y sin embargo no atacan directamente el problema que representa en nuestro país la mejora educativa. En primera instancia, es de llamar la atención que cuando se habla de cambios de largo alcance, profundos, estructurales, de gran calado, a largo plazo entre otros, las Escuelas Normales no figuran en primer plano, sino más bien, jugando un papel secundario.

Si estamos de acuerdo con la siguiente sentencia que Sylvia Schmelkes dijo en una de sus conferencias que “lo que no sucede dentro de un aula en una Escuela Normal, no sucede en las escuelas primarias”, entonces, con la intención de un mejoramiento educativo, tendríamos forzosamente que ver qué pasa en las Normales o más bien, qué no sucede allí dentro o qué debería suceder. Si la autoridad educativa propone cambios pensados a largo plazo, de manera inexorable tiene que pensar en el rol que jugaran las Normales, viendo al futuro pero actuando en el presente.

En una sociedad globalizada donde el conocimiento es lo que se valora, y en donde además la educación juega el papel de motor de desarrollo social, político, ecológico, económico entre otros rubros; el impulso a la investigación y la generación de conocimiento resulta trascendental. Precisamente este es un aspecto del que adolece a las Normales.

Los resultados de evaluaciones censales estandarizadas  e internacionales como PISA, sirven entre otras cosas, para comparar el desempeño de estudiantes de varios países entre sí, quizá esta sea la función más socorrida por periodistas. Pero además, sirve para hacer diversos análisis. Uno de ellos, es que se comparan los resultados logrados pero no se comparan los contextos donde se aplican dichas evaluaciones. Finlandia ha sido uno de los países que ha marcado el paso en cuanto al resultado en dicha evaluación. Respecto a la formación de nuevos maestros, si observamos el modelo finlandés, podemos notar que la investigación dentro de la formación inicial de los futuros profesores, es relevante (Markkanen, 2007). La investigación hace pensar al estudiante, le brinda conocimiento y además permite la reflexión sobre lo más importante, su práctica, le  ayuda además, a explicarse toda esa maraña de sucesos y procesos que convergen en su lugar de trabajo diario: el aula.

La investigación es apenas uno de los tantos aspectos endebles de una formación normalista. Existen además, prácticas que se deben erradicar y otras tantas que al contrario se tienen que  crear y estimular, no sólo con retórica sino con inversión financiera, hechos y resultados. Erradicar como los pobres mecanismos para la selección de aspirantes a docentes. Se debe pensar más sobre el alumno que ingresa a una Normal, aquí propondría una clase de elitismo en las escuelas formadoras de docentes si es que buscamos una educación de la más alta calidad para los niños mexicanos. Este elitismo no debe ser malinterpretado como medio de discriminación, pero si todo padre demanda una educación de calidad para su vástago, es justo que los gobiernos federales y estatales se ocupen de mejorar la formación de los futuros docentes.

Una de las instituciones que puede presumir que casi ha erradicado la deserción, los índices de reprobación y que goza con una alta tasa de terminación, es la Escuela Normal. Esto podría tener múltiples causas, sin embargo evoco dos; 1) la captación de buenos candidatos para cursar la profesión o 2) una formación laxa y sin rigor académico. De acuerdo a la situación educativa actual, la segunda situación es la más probable.

Estos y muchos otros temas de la formación normalista son necesarios traer a debate si buscamos una educación a largo plazo, planteada así por el gobierno federal. El impulso a la investigación, la captación de los mejores alumnos para cursar la profesión (mejora de los mecanismos de selección)  así como el egreso de los que verdaderamente estén preparados para ejercer, deben ser parte de esta nueva reforma educativa.

*Profesor de primaria. Licenciado en Educación Primaria.



Referencias

Markkanen, M. M. (2007). Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación. Recuperado el 2012 de 12 de 30, de http://www.iipe-buenosaires.org.ar/system/files/documentos/Informe_Finlandia_01.pdf



Publicado en Reflexión Educativa




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