La reforma educativa y el malestar magisterial


Por Oscar Isaac Corral Arias 

Las reacciones producto de la reciente reforma educativa y las medidas tomadas para su eventual protección por el gremio magisterial han dejado al descubierto, una vez más, la desinformación, desorganización  desasosiego, el desamparo y falta de responsabilidad por parte de algunos de los actores involucrados: gobierno, profesores, sindicalistas y sociedad en general.

 Como ya lo había dejado entre ver en una publicación anterior, educación y política son temas que se comentan a diario, también; son fácilmente abordados por cualquiera con cualquier punto de vista y grado de reflexión e información. Esto considero, es bueno pues trae a debate temas de interés general que nos involucran a todos,  de esa forma la discusión se enriquece y aprende a valorar y comparar los argumentos de unos y otros según Rosenblatt.

 Por estar involucrado en el medio, me resulta inevitable escuchar ciertas expresiones de los profesores en referencia al contenido de la reforma educativa que emana del Pacto por México, a tales expresiones se suman las de estudiantes que cursan la formación inicial en una Normal. La mayoría de ellas, desestima y rechaza tajantemente la iniciativa –ahora ya- constitucional- con buenos argumentos y otros no tan buenos. Y si bien, la iniciativa ha sido muy bien respaldada por políticos, investigadores, segmentos de la sociedad y organizaciones sociales ¿por qué los profesores en ejercicio y los que se están formando se muestran reacios a estos cambios?

La respuesta a la pregunta anterior resulta difícil de abordar en un par de líneas, sin embargo puedo ofrecer algunas pistas sobre el por qué la reforma ha generado mucha incertidumbre entre las y los profesores.  En primer lugar, la desinformación es brutal. Los movimientos de la CNTE han abordado el sentimiento del maestro agredido en sus derechos laborales “invitándolo” a defender “las conquistas laborales”. Es decir, es inevitable no hablar también de la reforma laboral pues gran parte de este malestar magisterial se debe a que las autoridades no han sido claras sobre las formas en cómo afectará al maestro. Si en la reforma educativa se adiciona al artículo 3º constitucional la fracción III lo siguiente “La ley reglamentaria de este artículo fijará los términos para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el servicio.” Y por otro lado existe una reforma laboral que habla sobre facilidades para la contratación pero también para el despido. Tenemos como resultado una combinación que toca fibras sensibles sobre cualquier trabajador; al profesor de grupo le hace estar en una posición de incertidumbre sobre su estabilidad laboral y su futuro, aunando al carácter evaluador y empresarial que ha influido sobre la profesión docente en los últimos años.

En segundo lugar, y para esto retomaré una breve charla que tuve con una profesora que labora en una institución de formación de docentes. Me platicó pues, que había encontrado mucha desilusión entre el alumnado de nuevo ingreso, que dicho sea de paso las matrículas en las Instituciones de Formación y Actualización Docentes han crecido exponencialmente algunas hasta el 450%, y que este sentimiento se debía precisamente a los cambios en materia de política educativa, en concreto, a los nuevos mecanismos que se echarán andar para la obtención de una plaza, puesto que como muchos que estudian una carrera a fin a la docencia o hacen una “nivelación pedagógica” tienen  “amarre” para conseguir empleo ya sea heredado por algún familiar o bien, haciendo uso de la influencia, “la palanca”. La reforma educativa propone que ahora será el mérito lo que deba ser el referente tanto para el ingreso al sistema educativo como para la promoción de asensos.

 En esta idea, el malestar docente con los cambios propuestos desde la cúpula política también se debe a la búsqueda de la rectoría por parte del estado en materia educativa. Desde la época de Cárdenas, los sindicatos tuvieron un propósito muy práctico. Aglutinaron a los trabajadores bajo la representación de unos cuántos líderes, el sindicalismo se creó para mantener la hegemonía del PNR pero lo que nunca imaginaron los políticos es que habían creado a un monstruo. La organización de los sindicatos, entre ellos el SNTE fue muy buena, tan buena que el mismo sindicato empezó a crecer y como la novela de Mary Shelley, cobró vida y aprendió a sobrevivir por su cuenta. El SNTE, el sindicato más grande de América latina y que como lo caracteriza Benavides y Velazco citado por Ornelas en Política poder y pupitres; es aglutinador, único, pluralista, nacionalista, liberal, autónomo, centralista, de filiación obligatoria, autofinanciado y autoritario. De manera que, las políticas propuestas por el ejecutivo y abaladas ya por más de la mitad de los congresos estatales restringen el manejo del ingreso, promoción y permanencia laboral por parte del sindicato. Por consecuencia, el sindicato pierde las conquistas que había logrado tiempo atrás. De allí que muchos maestros manifiesten su inconformidad por no poder heredar “su” plaza, ni el sindicado poder hacer los manejos que convienen a sus líderes y afiliados.
  
El sindicato creció mucho, tanto así que tiene un partido político, cuestión que considero perniciosa para la educación. Degradante porque cuando la política - hago referencia a la política mancillada e intrascendente-  interviene en el ámbito educativo, los intereses personales privan a los intereses colectivos, a los sociales y nacionales. La política educativa en el papel propone que sea el mérito el cual sea la base para poder ingresar al sistema, así como para ser director y supervisor, cuestión que no considero nada mal, sin embargo aún no se han aclarado los formas en cómo esto se llevará a cabo, pero sí sabemos que el INEE estará a cargo. La profesión docente debe ser para quienes tengan talante para ello y que así lo demuestren.
  
No soy un fervoroso defensor de la reforma educativa, sin embargo reconozco que tiene puntos que, por lo menos en teoría ayudarían sustancialmente a introducir otros cambios en beneficio de la educación, aunque esto, en ocasiones sea interpretado en detrimento de los derechos de los trabajadores. Defiendo al SNTE, debe existir y debe abocarse a lo que le concierne: defender los derechos laborales  y no a tomar decisiones en políticas educativas.  La CNTE, si bien, luchan por derechos laborales no lo hacen así por la educación. Apelan a un sentimiento radical sin mediación racional de sus peticiones, menos aún, que la manera de lograr sus reclamos es sencillamente parando labores.

El análisis para esto se antoja más extenso, seguiré dando continuidad en espacios futuros a estos tópicos. Por lo pronto, resalto que a la reforma educativa le falta mucho, toca temas nodales para la contratación y permanencia de buenos docentes por polémico que pueda resultar, más para aquellos que tienen la esperanza de heredar el empleo o conseguir un ascenso sin un referente meritocrático. De la misma forma, hay cuestiones que es necesario reflexionar como lo que se suscribe en los transitorios del art. 3º donde menciona la autonomía de gestión en las escuelas y la implementación de escuelas de tiempos completos. Esto será tema para el siguiente texto.

Acotando…

La educación laica, gratuita y obligatoria  es un derecho por el cual vale la pena luchar. Es cierto, con mi padre discutía que tenemos –los maestros- que abogar por la mejora educativa y el desarrollo del país, como los revolucionarios lo hicieron. Discutí con mi padre que los profesores estamos en esa lucha sin embargo la desinformación impera, me replicó que los revolucionarios tampoco lo estaban -al igual ahora con los maestros-, y en cambio lucharon a muerte por la cusa. La diferencia, mencioné, que muchos revolucionarios eran campesinos con más hambre en el estómago y coraje en las manos que ideas en la cabeza, además ni sabían leer ni escribir. Nosotros los maestros, no debemos poner pretextos por la figura y responsabilidad social e histórica que representamos.

Gracias por su atención.

Referencias

ORNELAS, Carlos (2010). Política poder y pupitres: Crítica al nuevo federalismo educativo. México: Siglo XXI, 2ª, ed.
ROSENBLLATT, M. L. (2002). La literatura como exploración. México: Fondo de Cultura Económica.


Publicado en Reflexión educativa

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