Rutina escolar
Por Oscar Isaac Corral Arias
La
rutina es un escape a la tensión. Nos ayuda a tomar decisiones más rápidas en
base a la experiencia, nos ahorra tiempo así como la incertidumbre de estar
pensando qué hacer en cada acción. En total; nos ayuda a ser más eficientes.
De allí
que podemos abordar a la rutina desde una perspectiva positiva, en cuanto al
trabajo de un profesor, resulta de gran ayuda. Sin embargo, es necesario hacer
explícito que tal concepto admite otras connotaciones.
La rutina, para que sea vista como deseable en el ámbito educativo, debe ser profesionalizada, es decir, que su ejecución cumpla con ciertos parámetros como un propósito claro y delimitado, que contribuya al cumplimiento de una planeación y que además su ejecución ofrezca resultados positivos y deseables. Se puede ejemplificar una rutina profesional docente cuando un maestro evalúa el proceso y producto del trabajo de sus alumnos a lo largo de las actividades propuestas. Previamente el maestro sabe en qué forma tiene que evaluar y con qué finalidad habrá de llevar a cabo dicha valoración, que la evaluación es parte inherente de toda actividad educativa en la escuela y que además, existen diferentes tipos de evaluación. Sin embargo, el maestro no evoca toda esta serie de conocimiento cuando evalúa, sino que se aplica a revisar, valorar los avances y logros de los alumnos de manera sistemática.
La rutina, para que sea vista como deseable en el ámbito educativo, debe ser profesionalizada, es decir, que su ejecución cumpla con ciertos parámetros como un propósito claro y delimitado, que contribuya al cumplimiento de una planeación y que además su ejecución ofrezca resultados positivos y deseables. Se puede ejemplificar una rutina profesional docente cuando un maestro evalúa el proceso y producto del trabajo de sus alumnos a lo largo de las actividades propuestas. Previamente el maestro sabe en qué forma tiene que evaluar y con qué finalidad habrá de llevar a cabo dicha valoración, que la evaluación es parte inherente de toda actividad educativa en la escuela y que además, existen diferentes tipos de evaluación. Sin embargo, el maestro no evoca toda esta serie de conocimiento cuando evalúa, sino que se aplica a revisar, valorar los avances y logros de los alumnos de manera sistemática.
La
reflexión sobre la práctica nos permite encontrar rutinas, las cuales hacemos
nuestras y evitamos –en cierto grado- la incertidumbre inherente que representa
la enseñanza. Es decir, sabemos qué tenemos que hacer en ciertos momentos de la
jornada sin detenernos a pensar mucho en ello –claro, porque alguna vez hubo un
momento donde sí lo hicimos-.
Es así como los maestros vamos forjando
rutinas, pero contrario a lo mencionado hasta aquí, es necesario aludir que la
rutina también tiene su otra cara. Una interpretación más adecuada para definir
a las prácticas educativas, irreflexivas (en todo momento a diferencia de las
profesionales donde sí se presenta la reflexión) que no conllevan un propósito
claro o bien, que no contribuye a la obtención de resultados positivos o favorables.
Por ejemplo, el uso indiscriminado del libro de texto en el grupo.
Las rutinas
ayudan a forjar culturas. Y por el carácter singular de la escuela mexicana,
existen ciertas rutinas que parecen practicarse a lo largo y ancho del
territorio mexicano. Pequeñas rutinas como escribir la fecha en el pizarrón al
iniciar la jornada, mandar a los novatos a los grupos de primer grado o bien,
evaluar a los estudiantes sin tener evidencias que respalden la calificación
entre muchas otras.
Están plagadas las escuelas de rutinas, no de
rutinas profesionales. Es sabido que el magisterio es una “profesión para toda
la vida” y con ello, encontramos en las aulas a muchos profesores forjados en una
época distinta a la de hoy. Donde las rutinas que hoy día son criticadas, se
incubaron entre los profesores, directores, supervisores y burócratas, por
supuesto, sin objeción alguna por parte de la autoridad educativa. No es culpa de los maestros, sino de la
autoridad que lo permitió, e incluso la consintió con su inacción e indiferencia
El problema es mayúsculo, pues la mayoría de
esos profesores han enseñado y algunos, han hecho “llevadera” la profesión a lo
largo de los años mediante estas rutinas, a grado tal, que es un refugio seguro
para ellos. La zona de confort. Las propuestas que emanan desde la autoridad oficial,
encontrarán mucha resistencia al cambio precisamente por ello, por las rutinas
que han permanecido en las escuelas desde hace ya muchos años.
Existen muchos maestros que ejercen con
vocación y profesionalismo la docencia, sin embargo la existencia de muchas
prácticas, hábitos y rutinas no deseadas en el magisterio es real, ni se
acabarán de un día a otro, ni con una reforma, ni con la buena voluntad. Sin
embargo, el esfuerzo tiene que ser desde todas direcciones si es que se aspira
a tener un magisterio profesional. El
esfuerzo debe de ir desde las estructuras superiores de organización (arriba)
hasta cada profesor (abajo) y viceversa, de abajo hacia arriba, al mismo tiempo
y con ayuda de otros factores (sociedad y contexto).
Acotación
La
desinformación imperó esta semana con los amparos promovidos y huelgas
levantadas por miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
Algunos profesores firmaban actas y entregaban copias de datos personales como talones
de cheques para ampararse contra la
reforma. Algunos no sabían contra cuál reforma es el amparo, lo importante
decían, “es que no nos vayan a correr”.
-Quiero
agradecer a los compañeros que tan gentilmente han brindado su apoyo para que
este modesto proyecto esté en marcha, les agradezco sus comentarios y también a
los lectores que se atreven a dedicarnos un poco de su tiempo. Gracias.
Publicado en Reflexión educativa
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